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El libro Culturas de Mercado, rutinas de vida, es un texto desarrollado para el trabajo en aula por un equipo de dos docentes de Trabajo Social y reúne insumos de algunos trabajos de alumnos de Servicio Social de varias casas de estudios superiores. (1)

Esta referido a la Feria Pinto, ubicada en la ciudad de Temuco, IX Región de la Araucanía, donde nos muestra diferentes experiencias, además de que tan similar o que tan diferente suele ser en comparación a otras existentes a lo largo de Chile.

Es sus líneas este texto relata las diferentes historias de vendedores que trabajan con mucho esfuerzo en este sector, para distribuir su mercadería, que en su mayoría son productos de la zona, de campos del sur. Además de sus vivencias cotidianas, verdaderas historias de chilenos que día a día luchan por obtener ingresos para saldar con las necesidades básicas que cada individuo requiere para vivir en forma digna.

Se destaca a su vez, la presencia de una gran cantidad de mujeres, que sólo se diferencian por la edad, las clases sociales y orígenes étnicos, pues tienen en común una vida llena de esfuerzo, dedicación y ganas de salir adelante por ellas y sus familias.

Con el pasar del tiempo el rol de la mujer ha ido evolucionando y también su vivir al interior del hogar como en la comunidad que pertenece. A la vez la sociedad las “halaga” denominándolas reinas del hogar, y no reconoce la participación de estas en los procesos productivos.

Las mujeres siempre han trabajado tanto como en la reproducción como en la producción de este orden social injusto. Es indigno que ni el Estado sea capaz de reconocer el trabajo de muchas mujeres que pasan inadvertidas en los datos oficiales que registra esta entidad.

(1) “Este ensayo fue desarrollado en el marco de la asignatura Investigación – Acción por Alejandra Saralegui alumna de la Carrera de Trabajo Social de la Universidad San Sebastián (Valdivia) y los insumos son parte del análisis del libro, Culturas de Mercado, rutinas de vida de Guillermo Davinson y Lucy Ketterer, (2006) Temuco: Ediciones Universidad de La Frontera”.

Son muchas las mujeres que trabajan a lo largo del país, y en el caso de la novena región son varias las que luchan día a día para mantener sus hogares generando recursos a través de su esfuerzo y trabajo, creando a su vez cultura popular.

En el mundo de hoy las mujeres se han incorporado a la sociedad y al mundo laboral. Pero lo que es natural en la práctica es fuente de muchas tensiones. Las mujeres tienen que vencer mayores obstáculos que los varones, para acceder a los empleos; sufren de irritantes discriminaciones salariales, tienen que desempeñar dobles jornadas como trabajadoras, esposas y madres, y muchas veces sufren por el deterioro de la calidad de vida familiar. Las diferencias entre hombres y mujeres se han constituido en desigualdades sociales que deben ser enfrentadas y corregidas pues la participación de las mujeres en el mercado laboral seguirá aumentando.

El trabajo es un derecho obtenido con mucho esfuerzo; ya que siempre la mujer trabajará el doble, en su mayoría son madres y esposas o en otros casos las únicas que sustentan el hogar. Por lo que deben trabajar durante una larga jornada, para luego llegar a sus hogares y seguir haciéndolo.

Influyen en esta dirección las necesidades monetarias de las familias y el deseo de muchas mujeres de autoafirmarse y generar ingresos propios, de ser capaces de lograr objetivos y metas que pensaban no poder llevarlas a cabo. De cierta forma esto también las ayuda para su autoestima y no sentir que sólo sirven para realizar labores como dueñas de casa.

El acceso de las mujeres al trabajo puede representar un progreso respecto a condiciones del país y de ellas mismas, al aumentar su autonomía personal y económica y mejorar, de este modo, su capacidad de negociación al interior de la pareja y familia. La generación de ingresos propios, la ampliación de las relaciones interpersonales y el aprendizaje de nuevas competencias debilitan la habitual dependencia de las mujeres respecto de los hombres, y dirigen las relaciones sociales de género existentes hacia otras con mayor potencialidad de equidad.

De manera bastante clara, la inequidad de género pasa a formar parte de la estrategia flexibilizadora del mercado laboral, que se apoya en la necesidad de las mujeres de compatibilizar trabajo remunerado y trabajo reproductivo y en la segregación sexual del mercado de trabajo, con ocupaciones masculinas y femeninas a las que se atribuye distinto valor.

Pese a la gran discriminación contra la mujer, durante los últimos 20 años, el nivel de su participación en la fuerza de trabajo ha ido en aumento, en la mayor parte del mundo. El progreso que se ha realizado es tal que esta tendencia puede describirse como un verdadero fenómeno de feminización de la fuerza laboral y del empleo.
Antes, las mujeres eran principalmente amas de casa y en segundo lugar trabajadoras, pero durante los últimos años esta situación ha cambiado considerablemente, la feminización del trabajo es ahora una realidad y todo indica que se trata de un proceso irreversible.

Sin embargo, este progreso hacia la integración en la fuerza de trabajo ha ido acompañado por un costo social importante. Aunque la mujer se ha beneficiado más que el hombre con los empleos recientemente creados, persiste la desigualdad en la remuneración y ha descendido la calidad del empleo.

Es una realidad que cada vez más aumentan los casos donde las mujeres son jefas de hogar, ya sea porque sus maridos están incapacitados de trabajar o por que simplemente las abandonaron, siendo ellas las únicas proveedoras de su familia y hogar.

Estos hogares tienen en su mayoría un gran número de personas a cargo, es decir, una mayor proporción de personas que no trabajan, como son los niños y ancianos. Además que el único sostén es la mujer, cuyo ingreso medio es inferior al del hombre y tiene menores oportunidades de acceso a empleos l y a los recursos de producción, tales como la tierra, el crédito y la tecnología.

Las mujeres jefas de familia deben también asumir por sí solas las responsabilidades familiares y, necesidades diarias; esto las obliga a optar por empleos o tipos de trabajo que no están bien remunerados, pero que ofrecen condiciones más compatibles con la educación de los hijos, las obligaciones familiares, y las actividades domésticas. Muchos de estos hogares, son de escasos recursos, por lo que puede transmitirse la pobreza de generación en generación.

Me parece muy importante reconocer el inmenso aporte que las mujeres hacen al mundo laboral chileno. Sobre todo aquellas que, no cuentan con medios económicos, ni sociales, para optar a una carrera profesional o especializarse en algún área, sin embargo logran ser autogeneradores de recursos mediante su trabajo e ingenio.

Podemos ver a lo largo de la historia que han existido mujeres que se han destacado en grandes puestos de trabajo. En la actualidad tenemos el ejemplo de nuestra Presidente de Chile, Michelle Bachelet, que ha marcado un hito en la historia de nuestro país, ya que ha sido la primera mujer en llegar a encabezar el gobierno. Dejando de esta forma la tradición machista que existe en el mundo entero del que solo los hombres pueden gobernar un país.

Gran ejemplo de superación, son las mujeres indígenas que trabajan manteniendo las tradiciones que Chile tiene y que cada día se van tomando menos en cuenta.

Son muchas las mujeres que trabajan de la tierra, que viven de su esfuerzo, produciendo y luego vendiendo productos típicos de nuestros suelos. Como ejemplo de estos tenemos a las mujeres mapuches que venden sus productos como el merquen (ají mapuche), el ajo, fuentes de greda, entre muchos más.

También se destacan las mujeres de campo, que viajan cada día varios kilómetros desde zonas rurales a la ciudad para ofrecer sus productos alimenticios. No puedo dejar de mencionar que además de venderlos, ellas mismos los generan, sembrando y cosechando sus productos; que a mi juicio es uno de los trabajos más difíciles y peor remunerados.

Espero que la desigualdad de género, y sobre todo en el tema laboral de una vuelta en trescientos sesenta grados. Ya que somos un país en vías de desarrollo, por lo que debemos lograr equidad y dejar de una vez el concepto machista que tenemos de la mujer.

Bibliografía
Davinson, Guillermo y Lucy Ketterer
(2006) Culturas de Mercado, rutinas de vida. Temuco: ediciones
Universidad de la Frontera.

www.gobiernodechile.cl
www.sernam.cl

Por:Saralegui Valenzuela, Alejandra

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